Armonía

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lunes, 8 de febrero de 2010

Los diez mandamientos de la educación


  1. Corregir a los hijos no es insultarlos ni humillarlos.
  2. Regañarlos no es gritarles ni proyectar sobre ellos sentimientos de temor y culpa exagerados.
  3. Ordenar no es suplicar con tono lastimero, ni sugerir; a veces hay que sugerir respetando la autonomía. Otras, hay que ordenar, pero con claridad y sin confusión entre una y otra.
  4. Mandar no significa atropellar; debe considerarse la capacidad del hijo, sus propias limitaciones y las ocasiones en que, a pesar de haber puesto todo su esfuerzo, el resultado no se obtuvo por causas ajenas.
  5. Rectificar no es claudicar; si reconocemos como padres que nos equivocamos, saber rectificar e, incluso, ofrecer una disculpa, no significa una abdicación del deber de ejercer la autoridad. Es dar ejemplo de humildad.
  6. Mantener clara, en la práctica, la distinción entre un erro9r y una falla. Un error no ha de ser nunca censurado ni castigado; sólo analizado para obtener el beneficio de la experiencia. Una falta ha de ser, en cambio, reprendida como una debilidad que deberá ser superada.
  7. Premiar y reprender con serenidad, nunca con alteración ni con exceso.
  8. Premiar siempre con medida y no necesariamente con beneficios o ventajas materiales sino con merecido reconocimiento.
  9. Reprender siempre con serenidad, justicia y brevedad, sin alargar innecesariamente las escenas desagradables que convierten la corrección en ineficaz recriminación.
  10. Añadir el toque primordial, cuando se está educando/formando, el ejemplo, los hijos recuerdan lo que los padres viven. Y repetirán e imitarán todo aquello que nosotros hagamos.

Y no nos olvidemos de que ante todo hay que dar amor y demostrarlo en todo momento.


Tomado de Hazel N., Luis. “Cómo Hacer Triunfadores a los Hijos”. Editorial Época. 2008

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